El Proceso del Director de Orquesta

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EL PROCESO DEL DIRECTOR DE ORQUESTA

Parte de la  labor del director de orquesta  está orientada primordialmente a la ejecución de unas determinadas obras el día del concierto pero debemos tener en cuenta que eso es sólo la punta del iceberg.

EL PROCESO DEL DIRECTOR DE ORQUESTA

 

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Parte de la  labor del director de orquesta  está orientada primordialmente a la ejecución de unas determinadas obras el día del concierto pero debemos tener en cuenta que eso es sólo la punta del iceberg. El momento de la interpretación es la meta de todo un proceso conformado por innumerables subprocesos de ese desafío que son la manifestación del cruce de los objetivos del maestro con la orquesta hasta conseguir amalgamarlos con el público en la función.

A la hora de elegir una obra el director de orquesta muchas veces se enfrenta a la toma de  decisiones muy  importantes  a la hora de elegir el repertorio. La elección del repertorio no es un tema banal y tiene muchos condicionantes. ¿Cuál debe ser el objetivo del director a la hora de elegir dicho repertorio?

Para responder a esta pregunta de manera acertada lo más importante será tener en cuenta lo mencionado anteriormente sobre el desafío y hallar la respuesta que se acerque al máximo a los objetivos de cada una de las partes asumiendo que siempre hay condicionantes.

Condicionantes del director de orquesta para el desafío: su capacidad para poder asumir la dirección de la obra y de la orquesta. Es absolutamente necesario conocer las propias limitaciones y saber decidir apropiadamente si el objetivo es factible, es un acto de humildad y a la vez el respeto necesario hacia el compositor, la obra, la orquesta y el público. Es cristalino el hecho de que cualquier director no puede dirigir cualquier obra en cualquier momento. Algunas obras pueden ser inasumibles en un principio y es necesario un esfuerzo y una adquisición de habilidades especiales para cualquiera que sienta el debido respeto por las mismas.

Condicionantes de la orquesta: una suma de personas e instrumentos en un entorno especifico es un hecho único e irrepetible en cada instante, es un organismo vivo, como tal se encuentra supeditada a las características particulares y generales. Hay innumerables factores que afectan: la formación, el nivel técnico, la edad, el nivel cultural, las relaciones sociales entre los miembros , de amistad, laborales, profesionales, los objetivos del grupo frente a los objetivos particulares, la calidad de los instrumentos que se utilizan, el conocimiento del estilo musical , etc. Todos estos factores pueden afectar en mayor o menor grado al resultado se encontrarán presentes a la hora de asumir el desafío.

Condiciones del público: los espectadores son un condicionante esencial a tener en cuenta el desafío. Es imprescindible saber a qué público nos vamos a dirigir y en qué condiciones. El nivel cultural, la edad, la sala, el momento del año, las circunstancias sociales geográficas e incluso económicas y otros muchísimos factores pueden ser decisivos para elegir nuestro desafío. No es lo mismo preparar un concierto pedagógico infantil que para  una ópera en la Scala o  un concierto en la plaza,  aunque una orquesta profesional de máximo nivel puede efectuar todos  al máximo nivel el planteamiento y el desafío deben ser distintos para poder conseguir el objetivo en ambos casos. Una interpretación al máximo nivel no es lo único con lo que debería conformarse una gran orquesta.

Para aquellos que forman parte de una orquesta no hay nada más satisfactorio que conseguir ejecutar una obra con maestría y transmitir una emoción mientras se observa como dicha emoción es embriagadora tanto para el director como para el espectador. La satisfacción de hacer una interpretación perfecta, la expresión corporal del director reafirmando esa emoción y retroalimentado la orquesta mientras percibimos que estamos haciendo música se transmiten como la pólvora al público no solo visual si no musicalmente creando la  más sublime y fugaz de las artes. Ese es el desafío al que nos deberíamos enfrentar cada vez que nos subimos al podio, hacer arte o hacer música. Esa percepción es un cóctel en el que se mezclan todos los elementos tanto conscientes  como inconscientes, intelectuales, emocionales, místicos, abstractos o puramente físicos. Ese arte no es sólo una emoción de placer embriagador si no infinitas facetas de emoción y conceptos entremezclados.

Para que un concierto sea interesante y emocionante el programa debe ser equilibrado y preferiblemente variado. Debemos huir de la monotonía. La emoción no surge sólo de hermosas obras o de los típicos hits interpretados. La emoción puede surgir de los nuevos descubrimientos, nuevas melodías, nuevos estilos, nuevos mensajes. Como artistas no deberíamos limitar nunca las propuestas emocionales. Las grandes obras aúnan mensajes de gran calado con una forma excepcional y es en estos casos cuando la ejecución debe ser impecable y debemos hacer un uso exhaustivo de los recursos interpretativos y la técnica neurodirectorial.

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