EL DESAFÍO Y LA EMOCIÓN DE UN DIRECTOR DE ORQUESTA

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EL DESAFÍO Y LA EMOCIÓN DE UN DIRECTOR DE ORQUESTA

El concierto debe suponer un desafío para el director de orquesta, para la orquesta e incluso el público. El término desafío nos habla de metas entendidas como un reto para cumplir ciertos objetivos que hemos decidido asumir y que nos impulsan a su logro mediante la ejecución al máximo nivel. 

EL DESAFÍO Y LA EMOCIÓN DE UN DIRECTOR DE ORQUESTA

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El concierto debe suponer un desafío para el director de orquesta, para la orquesta e incluso el público. El término desafío nos habla de metas entendidas como un reto para cumplir ciertos objetivos que hemos decidido asumir y que nos impulsan a su logro mediante la ejecución al máximo nivel. Además cuando nos enfrentamos a un desafío es porque emprendemos dicho camino con convicción y plenamente motivados a su consecución.

El desafío por otro lado no es único. Corresponde tanto al director como a la orquesta e incluso el público, a saber:

Es un desafío para el director de orquesta a la hora de descifrar la partitura y el objetivo último del compositor, de encontrar los puntos estratégicos, los mejores fraseos, dinámicas, la energía apropiada, los gestos idóneos, las emociones a transmitir, etc,  en resumen sacar el máximo partido a la obra, desarrollar un planteamiento idóneo y conseguir que la orquesta tenga todos los ingredientes para una gran interpretación en cada momento.

Desafío para la orquesta en cuanto a que cada nota individual y en conjunto sea la apropiada en cada instante y se adapte con la mayor profesionalidad al planteamiento elegido todo ello con el máximo de entrega. Para ello el desafío consistirá en sacar al mayor partido a la técnica personal sobre el instrumento para luego empastar perfectamente con el grupo y saber acomodar afinación, timbre, dinámicas,  fraseos al marco directorial deseado sin renunciar jamás a la máxima expresión artística emocional.

Desafío para el público sin menor importancia que en los casos anteriores porque el espectador no es un ser ajeno al acto musical es la  parte receptora pero a su vez reatroalimenta un sistema con sus emociones, sus pensamientos. Nadie en su sano juicio puede esperar un público frío y distante, ¡todo lo contrario! El público es la pieza necesaria para que un concierto se convierta en algo sublime. Cuando un artista se “enfrenta” a un público enfervorizado se crea el ambiente idóneo para que salga ese resto que hay que “echar”, es el calor necesario que se necesita para dejar aflorar lo más hermoso de uno mismo. El público instantáneamente e incluso  desde antes de la primera nota se enfrenta al desafío del recibir, descifrar e interiorizar todo el contenido artístico en un acto intelectual y emocional. Es la otra parte  del acto artístico. La música penetrando en oídos, cerebro y alma de las personas e interactuando en su interior llegando a generar una respuesta física, un ¡bravo!, un aplauso, un suspiro, una piel de gallina. Un momento fugaz o un recuerdo imborrable para toda la vida. La  admiración  y el reconocimiento del acto artístico constituyen el premio a ese desafío, la consecución del objetivo.

Por todo lo mencionado anteriormente la neurociencia en la dirección de orquesta juega un papel primordial, si el director es capaz de reconocer el proceso intrínseco será capaz de poder plantear una estrategia global para orientar todos los medios en ese sentido y transmitir el mensaje en la forma más apropiada al máximo nivel aunando la forma con el fondo y haciendo reaccionar las neuronas espejo del espectador en el sentido de la obra interpretada.

La emoción es parte inseparable de la música y para que se quede grabada en el los que participan, debe ser además significativa y evitar toda distracción. Cabe aclarar que la emoción no es imperativa si no una consecuencia directa de la música porque somos seres emocionales. La música no es un elemento puramente intelectual porque siempre genera una respuesta, no podemos evitar reaccionar al ritmo, a un timbre, a una nota. Puede que en ocasiones la música no este destinada a emocionar sin que por ello tengamos que decir que es inferior categoría artística pero incluso en esos casos siempre sentimos algo frialdad, extrañeza, nos gusta, nos desagrada, etc.

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